En este tiempo siguen siendo muy actuales los escritos de la inspiradora de nuestra Espiritualidad: la Sra. Concepción Cabrera de Armida, a quien un día Jesús le comunicó:
“Es preciso, a todo costa, que los Sacerdotes se acerquen a Mí en la intimidad de sus corazones. Que no teman, que soy Yo; que si me han ofendido, Yo soy el perdón de Dios; que en Mí tienen un hermano, un hijo, una madre, un Padre, un Dios-Hombre ¡que los ama con las entrañas más tiernas, con predilecciones sin nombre, que les tiende los brazos y que quiere salvarlos, abrazarlos, estrecharlos contra un Corazón que se dejó romper para que en él cupieran todos los Sacerdotes, para transformarlos en Mí, su Jesús, todo Misericordia y bondad!... Que vengan a Mí todos los Sacerdotes, para curar sus heridas, para enjugar sus lágrimas, para cicatrizar sus llagas, para hacerlos uno Conmigo, para transformarlos en Mí, para rendirme con su confianza”